Nuestro balneario, Aguas Dulces, nació en la orilla del mar, sobre los médanos, acostando ranchos sobre la arena blanca. Ranchos de paja y de palos; horcones, tirantes, tijeras y algunas tablas en puertas y ventanas, con rendijas por donde entraba y salía la arena fina voladora.
Pero llegó el momento en que esos ranchos se volvieron más pretensiosos, o sus dueños, y algunos se arrimaron más al mar, allí donde lamen las olas, y como quien se remanga el pantalón para que el agua le moje sólo hasta la rodilla, los ranchos estiraron los horcones que se transformaron en largas patas permitiendo que el oleaje pasara por debajo de sus pisos.
Más allá la playa con su arena blanca y los veraneantes descansando sobre ella en bucólico estado.
Rancho, playa y mar yodado conjugándose en perfecto equilibrio: la tibieza de la arena, el calor del sol y el refresco de las olas, y luego el descanso en el rancho de paja con el susurrante murmullo del mar. Así nacieron los palafitos y marcaron para siempre la imagen del balneario: el Agua Dulce, sinónimo de ranchos de paja sobre largas patas de palo.
Pero en el transcurso del tiempo las cosas cambiaron; políticas forestales mediante, se fueron arbolando los médanos con acacias y pinos. Se frenaron los vientos pamperos, acarreadores de arena hacia el mar y las dunas se fueron achatando, o quedaron sumergidas bajo el follaje; y la costa se fue despoblando de arena, y la fue copando el mar. Las crecientes avanzaron sobre los palafitos, los que, poco a poco, aflojaron sus patas y en las crecientes se fueron flotando en el oleaje mar adentro. Más atrás, las construcciones sólidas de bloque y ladrillo fueron sustituyendo a la paja y a los palos. Pero su solidez las hizo aún más vulnerables al ataque de las olas, y también se van cayendo abatidas por las crecientes. Y sus restos, a diferencia de los palafitos, van regando la playa de escombros, transformando aquella imagen de arenas blancas y puras, en una zona de desastre, contaminada y agresiva. Aún más, en desesperado intento por frenar al mar aparecen las defensas del más heterogéneo material en una contribución final a la desaparición de la zona de playa.
Hoy sólo se rescata en esa imagen costera los valientes palos, antiguas patas de ranchos que se resisten a irse, pero poco a poco, también se sumergen en el mar.













